Marlin Martínez: Otra burla a la sociedad

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Manuel Díaz Aponte |

Tras más de cinco décadas de la desaparición de la dictadura de Rafael L. Trujilo Molina el modelo “democrático” en la República Dominicana parece que ha servido de poco, a juzgar por los niveles de injusticias y desigualdades sociales prevalecientes.

El comportamiento de muchos políticos de la época empaña dramáticamente lo que debería ser una de las herramientas vitales para las transformaciones integrales de la sociedad.

Un político decente es aquél que trabaja al lado y a favor de su comunidad, que se integra a labores altruistas como campañas de alfabetización, reforestación, orientaciones a los jóvenes y vigilancia continua por sus comunitarios.

¿Cuántos políticos asumen ese rol en la República Dominicana actualmente?

Las propias organizaciones partidarias solo enarbolan el discurso de las críticas ante el gobierno de turno, pero nunca se les escucha hablar de participar en acciones dirigidas al bienestar colectivo, a la preservación de nuestra identidad y fortalecimiento institucional.

A juzgar por algunas encuestas e investigaciones periodísticas realizadas en el país la mayoría de la ciudadanía tiene una valoración de nuestros políticos muy negativa.

Antes un regidor ejercía la representación de su comunidad de manera honorifica entregándose con gran entusiasmo. Sin embargo, ahora compiten con cualquier empresario al desplazarse en vehículos de lujos y nada hacen por el bien de su pueblo.

Eso sí, un grupito de políticos inescrupulosos ha saqueado el erario público, arrojando al pavimento la constitución y destruyendo las instituciones.

Pero también, el mal ejemplo que nos dejan viéndose frecuentemente involucrados en impactantes escándalos que hieren la conciencia nacional.

El descrédito del liderazgo político y de las propias instituciones políticas es evidente ante acciones de corrupción, robos y crímenes en el que aparecen sus militantes.

Políticos Criminales

La otra “mancha indeleble” que afecta sensiblemente las estructuras del poder en el país, es el crimen de la jovencita Emely Peguero, que ha conmocionado no tan solo a los residentes de localidad de Cenoví, en San Francisco de Macorís, al noreste del país.

En ese abominable hecho interviene la señora Marlin Martínez, quien era subdirectora de la Dirección General de Pasaportes y dirigente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), quien habría sido responsable de la desaparición del cadáver de Emely Peguero, de acuerdo a las indagatorias de autoridades judiciales.

La consternación y el dolor ante esta tragedia determinaron que el presidente Danilo Medina dispusiera de inmediato la cancelación del cargo que ostentaba, mediante el decreto número 326-17
El artículo uno de la disposición presidencial establece que:” La señora Marlin Martínez queda destituida de su cargo de subdirectora de la Dirección General de Pasaportes”.
Un decreto presidencial es una de las aspiraciones más soñadas y deseadas entre los políticos y hasta entre quienes no tienen militancia partidaria. Es un verdadero privilegio para quien lo recibe y un serio compromiso ante quien lo emite y sobre todo con el país que representa.

Por eso, un decreto presidencial no se le debe otorgar a cualquier persona, hay que ponderar profundamente sobre el historial familiar, profesional, ciudadano y trayectoria social y académica del posible beneficiario.

El presidente Medina debe sentirse arrepentido de haber firmado y dispuesto mediante el decreto número 174-17 el nombramiento de Marlin Martínez como subdirectora de la Dirección General de Pasaportes.

Esta señora guarda prisión preventiva de tres meses por la muerte de la joven Emely Peguero, que era novia de su hijo Marlon Martínez.

Es acusada de la desaparición del cadáver de Peguero, quien tenía cinco meses de embarazo y que fue asesinada por Marlon Martínez, según las autoridades judiciales encargada del caso en San Francisco de Macorís.

Lamentablemente, los amarres, alianzas y acuerdos de aposentos entre la dirección política nacional está permitiendo que gentes de dudosas reputaciones se agencien nombramientos privilegiados en el tren administrativo.

La Terrible Corrupción

Ello ha llevado incluso a representantes del bajo mundo, a ocupar curules en el Congreso Nacional y asientos en nuestras municipalidades. ¿De que vale ser honesto en este país si los que triunfan son los degenerados?

El reflexivo mensaje de Juan Bosch expuesto en su texto literario “La Mancha Indeleble”, nos coloca y proyecta una lección que pudiéramos aplicarla en nuestras actuaciones públicas y privadas partiendo de un comportamiento transparente y honesto.

Pero especialmente va dirigido a aquellos funcionarios públicos que utilizan inadecuada e incorrectamente los recursos de los contribuyentes afectando el patrimonio del Estado.

El sistema de partidos tiene que empezar a limpiar su casa, procediendo a sacar de su interior todas las escorias y basuras prevalecientes.

El país está lleno de gentes buenas, decentes y de profesionales capacitados que solo esperan una justa, merecida y legítima participación en este sistema democrático tan desigual y excluyente.

Articulo de Manuel Díaz Aponte

Miércoles, 6 de septiembre del 2017