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Otorrinos y ecologistas rechazan crear zonas de tolerancia al ruido

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Santo Doming0 (Rep. Dominicana). -La Sociedad Dominicana de Otorrinolaringología y la Comisión Ambiental de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) calificaron de absurda la presión que ejercen sobre el Congreso comerciantes de centros de diversión y de negocios de venta e instalación de equipos de sonido  para que se creen zonas de tolerancia al ruido.

El pasado lunes un grupo de ellos marchó hasta el Congreso Nacional en reclamo de que los legisladores establezcan por ley zonas de tolerancia de la música alta. Los manifestantes, que recibieron el apoyo de Iván García, presidente de la Federación Dominicana de Comerciantes, también apelaron a la comprensión del procurador general, Francisco Domínguez Brito.

El ruido daña el sistema nervioso central, pone irritable a las personas y les provoca alteraciones cardiovasculares que son más graves en personas con hipertensión arterial.

Esta presión se produce en momentos en que la gestión de Danilo Medina lucha, a través del Sistema de Emergencias 911, por combatir el ruido en los distintos sectores del Gran Santo Domingo.

William Aude, presidente de la sociedad que agrupa a los otorrinolaringólogos, los especialistas de la salud que tratan las enfermedades auditivas, y el ecologista Luis Carvajal, de la Comisión Ambiental de la UASD, consideraron que, por el contrario, el país debe fortalecer el cumplimiento de las normas que prohíben la contaminación sónica.

Aude asegura que la Sociedad de Otorrinolaringología, que agrupa a 94 especialistas, se opone a crear zonas de tolerancia para escuchar música a alto volumen porque, además de provocar daños en la audición, “el ruido ocasiona males como irritabilidad y trastornos cardiovasculares”.

“No debe haber zonas de tolerancia, aquí están las leyes para hacerse cumplir y si hay una ley que impide el ruido, hay que cumplirla en un Estado con instituciones que se respeten”, sostiene.

Explica que aunque a nivel internacional se tiene establecido que un ruido de 85 decibelios daña al ser humano, aunque el ruido sea de entre 40 y 50 decibelios afecta igual al individuo que se expone en forma permanente.

“Un ruido que supere los 85 decibelios es dañino para el oído, pero hay que ver que el trauma, el daño por el sonido, no se produce solo por la intensidad, sino también por el tiempo de la exposición”, insiste. “Un ruido más bajo, de entre 40 o 50 decibelios por seis u ocho horas hace el mismo daño”, apunta.

Recuerda que el ruido daña el sistema nervioso central, pone irritable a las personas y les provoca alteraciones cardiovasculares que son más graves en pacientes con hipertensión arterial.

Incomunicación en los barrios

Luis Carvajal explica que la Comisión Ambiental de la UASD lleva ya 16 años monitoreando los niveles de ruido en distintos puntos del Gran Santo Domingo y que los problemas más comunes se dan en zonas comerciales en los que la ciudadanía se acostumbra al nivel de contaminación sónica.

“Aquí hay barrios en donde hay tantos ruidos musicales que las personas, aunque ya lo asumen con normalidad, no pueden hablar entre ellas”, dice Carvajal.

Deplora que las autoridades hagan cumplir la ley solo en casos de colmadones establecidos en los barrios, así como en “car wash” (lavaderos de autos), que se establecen en zonas residenciales y operan como discotecas. Recuerda que la UASD monitoreó el ruido en una zona de Alma Rosa en donde se estableció un lavadero de autos frente a un asilo de ancianos. “Las paredes de ese car wash daban a edificios de apartamentos”, dice.

Carvajal entiende que el Estado tiene pendiente evaluar el impacto del ruido en las escuelas y su incidencia en la distracción y agotamiento mental de profesores y estudiantes. También, en problemas de distanciamiento, incluso de carácter sexual, que se van dando en parejas que ven dañada su comunicación debido al ruido que impera en los barrios en donde residen.

Otro punto que debe atender el Estado respecto al ruido son los desórdenes neurológicos asociados a ese mal y la agresividad que desarrollan los individuos obligados a vivir en ambientes intranquilos.

“Aquí hay barrios en donde hay tantos ruidos musicales que las personas, aunque ya lo asume con normalidad, no pueden hablar entre ellas”, dice Carvajal.

Insiste en que lo que los comerciantes que venden equipos piden al Congreso Nacional “es un asbsurdo” y que de hecho, el país tiene zonas de tolerancia al ruido en lugares específicos como los estadios o las zonas en donde se realizan conciertos y espectáculos.

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